27.3.08

De jazz y de más (Lo que dijo Roberto Aymes, I/II)

Por: Julio Romano/Jesús Ángeles

Roberto Aymes, Arturo Ramírez, Beto Guerrero y David “Chatrán” González integran Art Latin Jazz. Se presentaron en Real del Monte el pasado sábado gracias a Proyecto Luvina. Más allá de las espectacularidad de algunos momentos cumbre del concierto, de escuchar a Wolfgang Amadeus Mozart y a Charlie Parker, a las Nereidas de Amador Torres Pérez y el Summertime de Gershwin con un sabor jazzísticamente latinoamericano, el bajista y líder de la banda, Roberto Aymes (conductor también del programa Panorama del jazz en Radio UNAM;), concedió a la prensa más de media hora de su tiempo. He aquí un poco de lo que dijo.
El jazz en México y México en el jazz
“El jazz en Nueva Orleans es muy complejo. Surge de muchas esencias. No es como nos lo quieren pintar, exclusivamente afroamericano. No es cierto. Tiene influencias hasta mexicanas; hubo grandes maestros mexicanos que instruyeron a los primeros músicos de Nueva Orleans, jóvenes de la banda militar que mandó Porfirio Díaz a la Feria Algodonera, y se quedaron a vivir allá, por ejemplo. Eran músicos muy educados y llegaron con aquéllos que no tenían nada de preparación, porque el pueblo afroamericano en Estados Unidos estaba oprimido, y fueron sus maestros. Nueva Orleans es el hervidero. Y de ahí pasa a las grandes urbes, que es donde se desarrolla. Además, no es en Estados Unidos donde se graba primero el jazz. Se graba primero jazz en Europa. Hay grabaciones de 1899 en París, de 1901 en Polonia. Y en Estados Unidos se jactan de que grabaron por primera vez en 1917 a la Original Dixieland Jazz Band. Chispas... están mal en eso y nunca lo han aceptado. La única forma de arte que tiene Estados Unidos es el jazz, pero no aceptan sus orígenes reales porque están involucrados mexicanos, puertorriqueños, dominicanos y afroamericanos.
“Finlandia es un país con muy pocos millones de habitantes; y en Helsinki, que es una ciudad que se recorre prácticamente toda a pie, y hay quince o dieciséis lugares en donde se puede escuchar jazz. En el país tienen cuatro o cinco Festivales Internacionales, y España tiene diecisiete o dieciocho festivales. No es posible que en México no haya uno solo, y cuando lo hay toman exclusivamente a músicos extranjeros. Necesitaríamos estar tocando en todo el mundo; la Secretaría de Relaciones Exteriores no cumple con su trabajo y la de Turismo nos podría dar trabajo a todos los artistas en otros ramos que no sea lo comercial. Debería de ser trabajo de ellos presentar grupos de jazz de manera itinerante. Y así podríamos estar treinta o cuarenta grupos de jazz mexicanos.”
Internacionalización, jazz y deporte
“¿Qué se exporta de música mexicana? El mariachi. Los ballets folclóricos. Es lo único. En música clásica, dos o tres nombres y se acabó. Pero díganme en el jazz, ¿quién nos invita a los festivales? Y en todos lados me preguntan: “¿Por qué no vienen colegas tuyos mexicanos?”. Porque el gobierno no los apoya. Y no lo creen. Y me dicen: “Pero si hay tratados internacionales”. Pero cuando un país los invita, el gobierno de México se desentiende, “tú págate tu boleto y ‘ai te vas; si sale bien, pues nos paramos el cuello”. Y eso mismo pasa en el deporte... ahora que vienen Juegos Olímpicos. Estamos tan mal... el deporte es para dar vergüenza. Estamos en la calle. Y lo dice alguien que estuvo metido en esto del deporte. Y les dicen que si ganan una medalla les van a dar una casa y medio millón de pesos. ¡Por Dios! Ojalá que a los músicos de jazz por lo menos nos pagaran los boletos para ir a estos festivales. Nos sentiríamos contentos con eso. Qué impresionante.”
El Festival Nacional de Jazz
“Es un buen intento. Es un buen intento porque se invitó a gente de muchos lados... no por primera vez, porque esto se ha hecho en los años sesenta también... pero se vio que hay en toda la república mexicana quizá más y más talentosos jazzistas que los que hay dentro de la capital. Pero lo que es injusto es que a los músicos, cuando queremos hacer eso, nos ponen el pie en el cuello, y llega un escritor de un periódico y le dan todo. Eso no se vale. No se vale que al artista no le dejen hacer las cosas y que tenga que llegar alguien más para que se diga “sí se hacen las cosas”. No es que no necesitemos a alguien que coordine. Sí lo necesitamos. Pero tenemos a gente capaz para hacerlo, para organizar, y gente que proponemos. Y nunca nos hacen caso. Otra cosa. Estuvo muy bien, pero ¿qué salas fueron las que se dieron? Salititas. Excepto la última, que fue la sala Nezahualcóyotl. Pero... salititas y con condiciones bastante regulares. Entonces, a pesar de eso, el jazz sigue siendo una anécdota musical.”
A los jóvenes jazzistas
“Quien quiera dedicarse al jazz, que se dedique al jazz. Yo vengo de una generación que todavía pudo probar las mieles de cuando había mucho jazz en México. Llegan los jóvenes y me dicen “ahora sí hay jazz...”. No: Ahora es cuando no hay jazz. No hay opciones. Cuando yo surgí en el jazz había dos festivales nacionales y dos internacionales. Eso se ha acabado. Eso se ha ido para abajo. Y ahora les cuesta más a los jóvenes lograr tener un sitio, un reconocimiento, presentarse... tener un público como el que tuvimos hoy [unas 200 personas] no es sencillo. A los jóvenes que quieren dedicarse al jazz yo les diría que tienen que entrarle con muchas ganas. Sobre todo para ser jazzista de tiempo completo.”

26.3.08

De jazz y de más (Lo que dijo Roberto Aymes, II/II)



Por: Jesús Ángeles/Julio Romano


De Roberto Aymes se puede hablar de mucha cosas: De las diferentes agrupaciones con las que ha tocado, de cómo aprendió a tocar el bajo, su gusto por el jazz enfocado especialmente por la música latina, y también la difusión e investigación que le tiene a este genero musical. En este año, justamente el 27 de marzo, Aymes cumple 30 años de difundir el jazz a través de un programa radiofónico que se trasmite por radio UNAM desde 1959, en el que se haría responsable desde 1978. “Panorama del jazz” es el primer programa radiofónico de este genero que existió en México, del cual Roberto nos platico como comenzó este proyecto y como llego a ser parte de él.

Panorama del jazz

“Tuve la oportunidad de participar en los medios desde que era muy joven, inclusive mi primera licencia de locución la obtuve cuando apenas tenía la edad de 16 años. Después me entrevistó Juan López Moctezuma, productor de “Panorama del jazz” y junto con el departamento de producción y programación de la estación me escucharon, y comencé a participar como invitado dentro del programa. Ya cuando Juan decidió dejar el programa, lo dejó en manos de un señor que era muy pedante, ya que se consideraba que era el único que sabia de jazz.

“Para enero de 1978, Don Raúl López Malo, que era el jefe de programación, me pidió hacer una prueba, y así me fui metiendo poco a poco dentro del programa hasta que en marzo me quede como titular del programa”.

“Casi desde que me dedique hacer Panorama del jazz me he estado dedicando a la investigación musical. Esto me ha facilitado mucho hacer el programa, porque abre muchas perspectivas. Desafortunadamente he visto que muchos que escriben sobre jazz dicen muchos cuentos, o cometen fallas enormes, y no se vale que nosotros como publico, nos tomen el pelo. Por ejemplo, en Panorama del jazz nunca se ha repetido material musical en 30 años, y debemos tomar en cuenta que el programa trasmite más de 250 horas al año pero no por eso les voy a tomar el pelo a la gente. Además dentro de mi programa se pone música de los mejores festivales Europeos, que algunos, aun no se han grabado en algún material discográfico”

No es lo mismo “El Panorama” que “El Horizonte” del jazz

“Hay una estación en México que transmite jazz, de la cual respeto su trabajo, pero para mi perspectiva, solo transmiten lo que les dan en algunas empresas discográficas que normalmente son cantantes gringos, de lo cual debemos aclarar algo. La opera, es un segmento de la música clásica, por consecuencia el jazz cantado es un segmento del jazz. Ellos le dan prioridad al jazz cantado, quizás esto lo hacen porque dentro de la música popular esto es más fácil de entender, pero provocan que los músicos dejen de existir dentro de lo popular”.

Hablando de improvisación en la música y la radio…

“Creo que improvisar tanto en el bajo como en el micrófono, no es nada sencillo. Para ambas cosas se debe de tener al menos, algo de conocimiento para poder improvisar. Cuando estoy en el radio lo hago muy seguido, no hay un guión de tras, y me gusta escuchar la música que se programa para acordarme de alguna anécdota, y entonces plasmarla en el momento”.

“En la música, a nadie se le puede enseña a improvisar. Se pueden enseñar las técnicas, pero la improvisación es personal. Además, la improvisación no nada más es del jazz, toda la música tiene su parte de improvisación, si uno va a Veracruz y encuentras a un grupo con arpa, improvisan haciendo versos, y así puedes encontrar la improvisación en muchos géneros musicales, pero el jazz lo hace de una manera mas ordenada, probando que este genero se convierta en la nueva música clásica”.

Fue así como Roberto Aymes nos solo nos invito a escuchar el jazz, también nos incitó a sentirlo y experimentarlo cuando llegue a nuestros oídos, intentando olvidar ese jazz intelectual y Elitista que algunos han formado, para lograr un jazz mas sencillo y agradable para el público, para que cualquier persona logre acercase a él.

19.3.08

Ardiente despedida

Ya lo tenía pensado, no había mejor manera para despedirse que en la orilla del mar. Los dos ya un poco viejos, habían recorrido la música y la improvisación de la vida, no tenían porque estar más tiempo juntos, así que, aquel hombre de más de sesenta años de vida, decidió matarlo para darle el mejor funeral.

Tenía que ser en una tarde, días antes de que comenzara la primavera. Tendría que ser el invierno el encargado de llevarlo de la mano junto al mar, y así, recibir un nuevo sol en una nota que lo pudiera inspirar. Tenía que deshacerse de él, lo quería mucho, habían pasado muchos conciertos juntos, y precisamente, como los grandes músicos, tenía que morir antes de alcanzar la gloria.

El ritual era el siguiente, justamente cuando el sol comenzara a pintar de amarillo al horizonte, le prendería fuego en la orilla de playa de Ishikawa, y dejaría que se consumara, escuchándose solo los gritos de su canto.

No sería fácil llevarlo hasta la playa, cargar más de doscientos kilogramos, arrastrarlo por la arena sin que ninguna de sus patas sufriera una ruptura, tener cuidado de que la marea no subiera demasiado para no interrumpir el concierto, el asesinato, y todo saliera tal y como lo había planeado.

Por fin, con la ayuda de una grúa y varios hombres, el evento se llevaría acabo. La gente estaba extrañada, no es común ver un concierto de piano a la mitad de la playa completamente en vivo, pero ahí estaba, a la mitad de la tarde comenzando el concierto de jazz, donde las notas salían con lo salado del mar. Poco a poco se fueron acercando los curiosos para escuchar la música, que de pronto se escuchaba triste, y en otras, se dejaba sorprender por lo magnifico de las improvisaciones.

El público aplaudía, pero no sabían que estaban presenciando algo más que un concierto, no sabían que se encontraban en un funeral. Las melodías transcurrían y, a la mitad del concierto, el intérprete deja el banquillo, toma un traje plateado y se viste con él para seguir tocando. Es entonces, cuando el músico toma un aspecto de astronauta o bombero intergaláctico y, comienza a sorprender.

Después de haberse puesto el traje, toma un bote que contenía gasolina y lo deja caer sobre su inseparable e inmortal amigo, y antes de tomar el banquillo, prende un cerillo para que las llamas se dejaran ver. Así, con el fuego entre los huesos, tomó nuevamente el banquillo y siguió con el concierto. La gente no lo creía, el músico tocaba con un piano en llamas, ¡que clase de música es esa! se escuchaba, pero el músico y su amigo, seguían haciendo sonidos en la arena. Y los murmullos cada vez eran más frecuentes, y le daban fondo a la música: ese tipo esta loco, si no lo quiere que me lo regale, que alguien pare esto, ¿será una nueva disciplina en el arte?

Con el piano encendido las notas iban quedando en cenizas, los acordes de aquel viejo piano ahora serían alimento para peces, arena de la playa o un recuerdo loco de un músico demente. Y mientras se extinguía, el piano comprendía su destino, y poco a poco se despedían. El intérprete, como si el piano estuviese intacto, siguió tocando hasta que las llamas quedaron en sus manos, y justamente ahí, cuando el fuego pudo más que la música, se levanto y finalizó la despedida de un viejo amigo.

A la memoria del piano de Yosuke Yamashita

Invitación

Después de esta historia llena de realidad y fantasía que espero hallan disfrutado, me gustaría invitarlos a que asistan este 22 de marzo a presenciar un concierto de jazz, con el grupo Art Latin Jazz de Roberto Aymes, que no promete ser tan ardiente como el del cuento, pero si lleno de profesionalismo y sentimiento musical. Este concierto se llevara acabo en el hotel Villa Alpina El Chalet a las 19:30 horas, ojalá que por ahí nos podamos encontrar.

18.3.08

Unos amigos invisibles

Podrán decir que estoy loco cuando les digo que tengo unos amigos invisibles, que llevan una carrera de 17 años de recorrido, y que pueden pasar de un mambo a un buen rock. Lo mejor de todo es que han llevado una carrera extraña, siendo grupo aclamado por mucha gente en una esquina, y por la otra, son criticados y desterrados por tener música anticuada y poco ilustrativa. Hagamos un pequeño recuento de su trayectoria comenzando por el año de 1991.

Cuando este grupo comenzaba a tocar en algunas salas de teatro en Caracas, tocaban rock, pero ellos querían tocar algo distinto, algo que no sonara en su país. Observaron que la música dance se encontraba en decadencia, y se propusieron hacer música para los antros y las discotecas, prometiéndose ser el mejor grupo de este genero en su país.

Con la intención de hacer bailar a la gente, lograron más que hacer un poco de dance, alcanzaron el horizonte del acid jazz gracias y la mezcla del funk, el rock, con instrumentos latinos, haciendo de los amigos invisibles algo verdaderamente singular. Su primer disco se llama “A typical and autoctonal venezuelan dance band” en donde se pueden extraer el tema de “Acid jazz de las mujeres locas” donde podrían perder un poco la credibilidad en su música.

Ellos siguieron probando suerte con ese sonido venezolano que traían en la venas, y con el llegaron a New York, donde pudieron grabar su segundo disco, lograron consolidar su estilo que muchos aun no entendían. Y es que cuando se escuchan temas como “ponerte en cuatro” o “el diablo”, pareciera que escuchamos a un grupo desaparecido de los años noventa llamado “proyecto uno”, ya que desde las letras, hasta el ritmo en las canciones, parecían ser un grupo tropical que surgía en la escena musical, y que el tiempo se encargaría en desaparecer.

Pero no fue así, poco apoco, y con temas como “yo quiero a una mujer” “amar es algo más” fueron ganándose al público, y lograron llamar la atención de grandes músicos de la música electrónica, logrando que el propio Dimitri From Paris, les produjera su disco “Superpop Venezuela” consolidándolo como un gran grupo internacional.

Pero realmente, ¿que genero es el que toca este grupo musical? Es difícil saberlo cuando sus discos suenan con mezclas de jazz y funk, y se presentan en festivales de rock. Cuando algunos de sus temas duran más de 6 minutos, pero suenan impresionantemente guapachosos y sus videos salen en el canal Htv.

Es difícil decir que son un grupo de acid jazz cuando participan en tributos como en el de Rigo Tovar, y tocan en festivales electrónicos de Europa. Si tuviéramos que ponerle un género a este grupo, yo diría que tocan electro-acid-jazz-funk-rock, pero claro, eso no existe, bueno, solo con los amigos invisibles.

Y como le suele pasar a muchos grupos latinoamericanos, mientras que en su patria son abucheados he inclusive considerados nacos, en Europa es la música que bailan, son los sonidos que rebotan en los mejores antros y en las mejores fiestas.

Pero aun así, en abril sacarán a la venta un nuevo disco, y seguiremos escuchando lo invisible del sonido en las notas delicadas de sus letras, que poco se irán internando en los oídos de los que bailan, de los que gozan hasta la música, hasta que logren hacer algo más que acid jazz, hasta que logren interpretar algo más que un dance venezolano.

6.3.08

Una dosis de Ameneyro

El jazz también existe en la selva, en esa parte del sureste mexicano lleno de riquezas naturales. Para ser más exactos, hay un grupo de jazz que se hace llamar Ameneyro en San Cristóbal de las Casa, Chiapas; y desde ahí, han intentado crear un nuevo jazz lleno de magia, que puede crear en nuestro corazón cualquier tipo de imágenes.

El mejor ejemplo de ello es el disco Tele-visión, un disco perfecto para emprender un vuelo con una botella de licor, algún tipo de droga natural, o simplemente cerrar los ojos y disfrutarlo con la aspereza de la soledad. Comienzas a escucharlo, te adentras a una marimba y de pronto, se escuchan voces de fondo, sonidos ambientados, y una guitarra que se une a un grito de guerra. Ya para el tercer track, reluce un poco más el jazz. Los temas te van relajando hasta llegar a una inconciencia y, como la propia caja idiota, va manipulando tu cerebro, para operar tus sentimientos.

Sinceramente, si gustan poco del jazz clásico, quizás les pueda parecer un poco impertinente este álbum, así que se recomienda escucharlo con un poco de mente abierta, y si es posible, se recomienda escuchar antes Ummagumma de Pink Floyd, o a Frank Zappa. Pero más que nada se recomienda percibirlo con la mejor intención de explorar nuevos horizontes musicales.

Ameneyro no solo se queda en el campo de experimentación, al menos en su producción “Hecho en San Cristóbal”, maneja un jazz latino que pone a bailar los pies en cualquier circunstancia. Este álbum se puede poner al término de una comida, o para tomarse unas cervezas en la playa. Creo que en este disco, la pianista Patricia Reyes se deja explorar a ella misma, y combina perfectamente el piano con las percusiones y el sabor que caracteriza este tipo de música.

Este disco es más recomendable escucharlo con un buen Ron, y de preferencia en la playa. De no ser así, se puede hacer una fiesta con un grupo de amigos que disfruten de buenas percusiones, y preparar una mariscada para sorprenderlos.

Sin duda, Ameneyro esta creando una música completamente innovadora en el país, capas de crear una ambientación completamente distinta en cada de uno de sus discos, sin dejar a un lado el refuerzo de su cultura y un contexto completamente folklórico mexicano, bajo una experimentación estética, y estrictamente contemporánea.

Aquí un pequeño viaje que pueden hacer con su música.

Ameneyro…

Escucho la introducción del disco, y parece que me remonto al México del año 2000. Entonces tomo el bastón de mando, me adentro al III congreso que tengo pendiente. Tomo las llaves de mi auto, me dirijo hacía él, y en el camino me encuentro con los mejores paisajes, con los mejores bosques, y es ahí cuando se me viene en mente, ¿qué puedo hacer cuando vuelvan los lagos a ser cristalinos?, quizás poder pescar en ellos, invitar a la mujer que amo a nadar, y hacer un bailecito bajo el agua.

Si no hay nadie a nuestro alrededor, podríamos hacer el amor hasta que una lluvia roja nos cubra con su encuentro, y así, seguir bailando. Quizás cuando termine ese encuentro, y cuando termine esa lluvia, no vuelva a ver a la mujer que amo, y solo me quede como una sombra triste a la orilla del lago.

La vida es un carrusel en el que hay que tener los mejores preparativos para subirse y, afrontar las consecuencias. Quizás nos valla bien, o tal vez nos valla mal, y en algún momento de locura y desesperación miremos al cielo y gritemos “falso Dios del excremento endurecido, ¿Por qué me paso a mí?”. No va a ver más remedio que caminar sobre corales, visitar Tenochtitlan de noche y, sentir la danza del poder.

Y entonces volver a comenzar, inventar una nueva introducción, para ir del canto al canto, seguir bailando, y seguir contando historias, hasta que el disco se acabe….

1.3.08

El free del Arzobispado

Lo interesante del Festival Nacional de Jazz de este 2008, es esa mezcla de música que proviene de las diferentes partes del país. No solo se escucha jazz de la ciudad de México, se escucha jazz de Oaxaca, de Chiapas, de Yucatán, y hasta un jazz mestizado, dándole un toque de identidad y de libertad artística.

El free jazz, o el jazz libre, como lo nombraron los músicos aquel domingo 24 de febrero, en el Antiguo Palacio del Arzobispado; ya no es solamente un nuevo genero dentro del jazz, es todo el jazz que se fabrica actualmente, todos los músicos tocan ese jazz libre, que en la actualidad no solo requiere de experimentación, también necesita de pasión y libertad al transmitir un sentimiento a través de la música.

Pero para muestra, basta un botón, y ese botón de jazz libre que se esta fabricando en México, lo llevaron acabo el Trío Pinzón-Martín-Barrera de la ciudad de Mérida y el ya reconocido grupo Cráneo de Jade, de la Ciudad de México.

El concierto comenzó puntualmente a las 12 de a tarde, con un arzobispado lleno de gente, y con el grupo yucatense que inició interpretando sus primeros temas. Al principio fueron tranquilos, fueron conociendo a la gente, como seduciéndola, no sabían si explotar, o simplemente llevar un jazz ligero. Pero como fue transcurriendo la música, fue fluyendo el ambiente y, ni el trío, y mucho menos el público, se percataron de la experimentación que empezó a fluir.

Gilberto Pinzón, guitarrista del grupo, fue quien se dejo llevar por los ecos que estaban manando. Y en un principio se reía, se divertía, pero poco a poco, la comunicación que tuvo con sus instrumentos fue superior a la que tuvo con su público, y ahí empezó el juego. De la guitarra no solamente salían notas, salían ruidos, sonidos no comunes para un público sencillo. Había que prestarle atención y comprender lo que hacia con las cuerdas, de las que no solo tocaba sobre los trastes, también lo hacía por los extremos, por todas esas partes donde un principiante de guitarra no se atrevería a tocar, por temor a ser regañado por su maestro.

El ecos cortantes y punzantes fue lo que más jugo en esa tarde pinzón con su guitarra. Una guitarra que la hacia sonar, y de pronto la interrumpía con sus pedales. De pronto el sonido regresaba, lo escuchábamos, sabíamos cuando regresaría, sin embargo, cuando el eco llegaba, nos volvía a sorprender. Es una magia sonora que desaparece en jazz clásico y regresa en un sonido completamente libre.

Después tocaría el turno a Cráneo de Jade, que también vendría a darnos una cátedra de lo que es el free jazz, en especial el baterista Hernán Hecht, que además de tocar su batería, se dedicó a ambientar cada una de las piezas. El jazz de Cráneo de Jade, también sonó progresivo, intenso. Parecía un ritual en el que todos estábamos incluidos, donde el Trío de Jade fueron los dioses.

Es interesante observar algunos de los instrumentos de Hernán, ya que en los últimos temas, para poder realizar sonidos que asemejaban al viento, utilizó una manguera que para mi ignorancia, la podía confundir con un poliducto de electricidad. Una manguera que le dio una profundidad al tema, de tal forma que parecía que un viento soplaba fuertemente dentro del arzobispado, tocando solamente los sonidos del tiempo.

Para finalizar un tema utilizó una simple vasija de color cobre, la froto como si fuera una copa y, el sonido salio y se esparció como si fuera humo. No se mucho de percusiones, pero lo que si conozco, es que no es común en un artista la utilización de estos instrumentos, y eso es lo que hace magnifico al free jazz.

Entre Cráneo de jade y pinzón, nos dieron la mejor lección de lo que es sentir el jazz dentro de la música, pero sobre todo, nos enseñaron a sentir la libertad con el simple sentido de escuchar.

20.2.08

Mood Funky Trio en un sótano minero

Hay sótanos que se encuentran completamente vacíos, abandonados en alguna casa antigua. Hay otros que guardan recuerdos familiares, utensilios de algún coleccionista, reliquias de los abuelos. Pero también hay sótanos donde se escucha música, y sus paredes guardan los sonidos de artistas que los medios masivos de comunicación no han logrado atrapar.

Conozco un lugar así, desde que yo era niño, recuerdo que cuando pasaba por ahí, escuchaba a lo lejos un blues que para mi corta edad, llamaba demasiado mi atención. Hoy, es un espacio, (por desgracia un espacio más), para los amantes de la trova cursi que se escucha en la ciudad, y digo “cursi que se escucha en la ciudad”, porque no toda la trova que existe es cursi. Hay músicos excelentes dentro de este género como Víctor Jara, el ya comercializado Silvio Rodríguez o el maestro Oscar Chávez, pero aquí en Pachuca, al menos la trova que ha llegado a mis oídos, solo la usan para enamorar chicas.

Pero en este sótano, más que trovero que minero, le han dado espacio a uno de los pocos grupos de jazz que existen en la bella airosa, Mood Funky trio. Este grupo con una corta trayectoria, esta buscando espacios en la ciudad de los vientos para promover el jazz.

Cuando uno mira a jóvenes que no rebasan los 26 años de edad con una batería, un bajo y una guitarra, se puede pensar que tocaran rock, surf, ska o algo que ya estamos acostumbrados a escuchar, pero no. Ellos interpretan un jazz exquisito, clásico, y lo mejor, rescatando un jazz que no cualquiera se atreve a tocar.

Pueden comenzar tocando temas tan trillados como La chica de Ipanema, para después irse a interpretaciones más experimentales con música de Miles Davis o John Scofield. Improvisar de manera tan delicada, que es inevitable no ponerles atención.

Hay tres puntos que se pueden resaltar en la música de Mood Funky, la originalidad en la interpretación, que a pesar de que no tienen temas propios, logran hacer de cada cover su propia versión. Además la dedicación que le ponen a cada tema, y la constante comunicación que tienen entre ellos en sus conciertos, hacen de su música, un jazz 100% profesional. Pero sobre todo, tienen ese feeling jazzístico donde cada uno maneja su instrumento con gran maestría y pasión.

Es un placer escuchar la guitarra de Ramón Gómez Villegas dentro del trío, ya que además de llevar la batuta del grupo, no puede evitar contagiar su amor por el jazz con su manera de disfrutar cada una de las notas que pasan por su guitarra.

Lo mismo podemos decir de Alejandro Isidro Arrazola con su bajo, que sorprende con su manera de tocar cuando le toca improvisar, ya que sencillamente juega con su bajo, haciendo improvisaciones un poco largas, y en otras más cortas, pero eso si, todas ellas de manera fina, sin dejar los estándares del jazz.

Mientras, la batería de Cesar Bolaños, suena exactamente como una batería de jazz, completamente suave, sin golpes duros, sin tanta experimentación, golpes sencillos y delicados, algo que no cualquiera puede hacer en este instrumento.

Ojalá y pronto podamos tener un demo de este grupo, ya que hasta el momento no tiene ninguna grabación donde podamos reproducir su música en algún aparato eléctrico. Mientras tanto solo nos queda seguir escuchando su música algunos sábados, en el Sótano Minero, esperando que Mood Funky se pueda digitalizar en un CD y en nuestra pasión musical.

Con chile y Guacamole

La ciudad de Pachuca se encuentra a una hora de tiempo en recorrido de la ciudad de México. La ciudad de México es la capital del país. El país goza de una gran diversidad cultural. La cultura es una palabra que abarca tantas cosas como las costumbres que se van formando en una comunidad, esas tradiciones pueden ser desde modas, lenguajes, expresiones, etc. Dentro de la cultura están las artes. Las artes son la danza, la escultura, el cine, el teatro, la música entre otros.

En la música existen diversas clasificaciones que los conocemos como géneros. Algunos géneros musicales son: la opera, la música sinfónica, rock, dance, salsa, cumbia y, por supuesto, el jazz.

No se tiene una fecha exacta de cuando llego el jazz a nuestro país, pero si se tiene una fecha exacta de cuando comienza el primer festival nacional de jazz. Ese día es este viernes 15 de febrero del 2008, y comenzará a las siete de la noche en el Foro Cultural Coyoaquense. En este foro Cultural tocarán La sociedad acústica de Capital Variable y Verónica Ituarte.

La sociedad acústica de capital variable no es un nuevo término de economía, es un grupo de jazz que radica en la ciudad de Cuernavaca y en el distrito federal, encabezados por Carlos Miranda. Miranda es un grupo argentino que toca electropop, aunque ellos mismos autodefinen su música como electropop melodramático, pero esto no viene al caso. Carlos Miranda toca el Saxofón, el clarinete, entre otros instrumentos, y fue el fundador de La sociedad acústica en 1994.

El jazz de La Sociedad acústica, aborda la composición y la reinterpretación del jazz y la música improvisada, y al mismo tiempo revaloran las culturas ancestrales. Además se vinculan con otras formas de expresar el jazz, como en la literatura, la pintura, el video, la danza, la fotografía, el preformance y la multimedia. La sociedad acústica, nunca ha tocado en Pachuca.

En Pachuca vive Verónica Ituarte. Una de las especialidades de Verónica es el scatt. El scatt es una improvisación vocal onomatopéyica que convierte la voz en un instrumento más. En el disco donde Verónica utiliza una gran cantidad de Scatt, es en su álbum de Juguetería, que grabo junto con el Trio Ethos. Ethos es una palabra griega que puede ser traducida de diferentes maneras como “punto de partida” o “personalidad”.

Si alguien tiene personalidad es Verónica Ituarte, que además de ser una de las cantares de jazz más importantes de nuestro país, ha compartido escenario con grandes personalidades del jazz nacional e internacional, como con Juan José Calatayud y Oscar Peterson.

Oscar Peterson fue un pianista de jazz canadiense que murió el 23 de diciembre del 2007 y es considerado uno de los mayores pianistas de jazz. Verónica al igual que lo hacia Oscar, toca el piano. Para tocar el piano se necesita un mínimo de 8 horas diarias para poder tocarlo con gran maestría.

Para escuchar jazz no se necesita más de una hora o siete horas de dedicación, se necesita, sensibilidad y corazón para sentir las notas. Para poder sentir notas de jazz en Pachuca se puede asistir al café “El sótano minero” el 16 de febrero a las ocho de la noche, donde estarán los Mood Funky tocando completamente en vivo.

Ojala y nos encontremos escuchando jazz en algún lugar de la ciudad.

2.2.08

Una plática con Malacara, toma I

Hace un par de meses, Antonio Malacara presentó su libro “Modelo para armar” en la ciudad de Pachuca. Fue una noche mágica en aquel lugar, en el Centro Cultural Universitario. Pocas veces en esta ciudad tenemos jazz literario y musical. Fue una noche especial para todos los que estuvimos presentes en el lugar. Se platico del maestro Calatayud, se escucho música de Ituarte y, todos alimentamos nuestra alma. Ahí platique un rato con el escritor Malacara, el cual me dio una pequeña cátedra del jazz mexicano.

…¿Cómo empecé?, pues con las ganas de platicar de música. A los 18 años me atreví a ir a una revista que se que llamaba “México Canta” y decirles que yo quería escribir. Ahí empecé a hablar de nuevo canto, de música folklórica y un poquito de jazz, no me dejaban escribir rock porque en ese entonces ya existían otras personas que lo hacían muy bien, así que yo le tuve que dar a otros géneros.

Con el tiempo ya escribí en otras revistas de rock, pero escribía jazz, además que en ese entonces no había revistas de este genero, hasta que Sergio Monzalvo las inventó. Sergio se fue a vivir un día a Holanda de la desesperación de que no había condiciones para escribir de jazz en México, que por cierto, le escribí y le dije que fue un pendejo, porque ya se puede escribir de jazz aquí. En México, si te das el lujo de vivir como pobre, puedes vivir de escribir sobre jazz, y pues, Sergio no lo lograba, y se fue desesperado y decepcionado a otro país.

Pero las cosas han cambiado, de hecho, Juan José Oliver afirma que la época de oro del jazz mexicano no fue en los años 50, ni en los 60, sino en esta época, porque ha crecido cuantitativa y cualitativamente, de lo cual estoy totalmente de acuerdo.

Los mexicanos ignoramos nuestra propia historia, nuestra propia madre, en pocas palabras, somos una bola de desmadrados, porque no conocemos nuestra riqueza musical a nivel jazzistico. Hector Jalal “El árabe”, ha sido uno de los mejores jazzistas en nuestro país, era arreglista de la orquesta de Luís Arcaraz, y fue el único que grabo un LP con Chico O’farril en México; sin embarbo, nadie, o casi nadie, habla o conoce de él. Es curioso, pero los mexicanos están presentes en el jazz, aun antes del nacimiento de este genero, pero aun así no esta escrita esta bitácora.

En la actualidad la mayoría del jazz mexicano se encuentra en el Distrito Federal. Pero fuera de ahí, en San Luís Potosí, esta Jorge Martínez Zapata, un señor de 70 años que nunca ha querido salir de su Estado, solo una temporada estuvo dando clases en la Escuela Nacional de Música en el DF, pero se regresó a San Luís y, son sensacionales sus propuestas. Por ahí hay dos discos de este artista, pero son verdaderamente muy difíciles de conseguir.

También estoy maravillado con lo que hace un grupo de jazz de Oaxaca, en donde comienzan tocando las armonías mixtecas, para improvisar con códigos jazzisticos, y después se van al revés. Cuando los escuché, me pareció algo sensacional. Pero esto es solo un ejemplo porque, en realidad en todo el país, como en Baja California y jalapa, hay un jazz de primera calidad, porque en México se están fabricando nuevos códigos de jazz y, te aseguro que no tarda esta escuela en hacer ruido a en el mundo. Porque si algo debemos de aceptar, es que a nivel mundial, el jazz mexicano no existe, es prácticamente invisible.

Claro, con esto tampoco digo que no halla jazzistas en el ámbito internacional, ya que el baterista base de Pat Metheny, es un mexicano, y se llama Antonio Sánchez. Ante el sello Down Beat, que es como la Biblia actual del jazz, hacen constar que este baterista mexicano ha recibido más aplausos en Alemania o Suecia que el propio Metheny, lo cual, a Pat Metheny le da mucho gusto, porque presume de tener a uno de los mejores bateristas de jazz del mundo pero, después de Antonio Sánchez, el jazz mexicano a nivel mundial es prácticamente invisible…

1.2.08

Una plática con Malacara, toma II

Cuando uno platica con Antonio Malacara te preguntas si será pertinente seguir escribiendo de música, escribir y comentar sobre ella. Pero también se te viene a la mente que somos bastantes los que gozamos de la música. Que realmente todos podemos comentar sobre ella, todos podemos vivirla, sentirla, inclusive hacerla, pero… pocos se atreven hacer alguna de estas cosas.

Aun así, seguí platicando con Malacara de ese jazz que se fabrica en México, sin saber hasta donde terminaría la lección, y seguir escuchando hasta que termine la música.

…el jazz mexicano no esta en lo subterráneo, esta en el sótano de lo subterráneo. Pero cada vez ya son más los que hacen jazz en este país y, aunque fuéramos pocos, lo que se hace de música en el país, es digno de respetarse. Mi compadre John Lennon decía “Tal vez pienses que soy un soñador, pero no soy el único”.

Cuando como periodista, político, o como mero ciudadano de infantería, confías en las multitudes, estas cometiendo un grabe error… bueno, pensándolo bien, menos los políticos, porque de eso viven los güeyes, pero siempre hay que desconfiar de las multitudes. Cuando una multitud es muy grande (perdonando y aceptando el pleonasmo) es peligroso, porque el jazz nunca va a ser música de masas, y esa es una de sus mayores virtudes.

Ya tenemos programado el Primer Festival Nacional de Jazz con una cantidad de grupos de provincia, y otro tanto de la capital. Podríamos haberlo hecho con más grupos de provincia, pero lo hicimos con ese centralismo para poder llenar un poco más las salas. Si nosotros invitamos en una sola fecha, por decir, a Arturo Ávila de Monterrey y al grupo Ameneyro de Chiapas en un concierto, tal vez vayan sus secretarias, o diez curiosos del DF. Entonces mejor decidimos anunciar a un grupo de la ciudad de México, y a un grupo de cualquier estado del país, para que el grupo de la capital jale a su gente a escuchar a los grupos de provincia….

La platica de pronto tomo otros rumbos, una faceta un tanto más rockera. Y es que fue inevitable no preguntarle acerca de este género musical, ya que cuando presento su libro, llevaba puesta una playera gris con el logotipo de Pink Floyd que desviaba mis ojos y mis pensamientos.

…Mira, si te digo que hay jazz en los discos de “Ummagumma” y “Dark side of the moon” de Pink Floyd, y me escucha un amigo diciendo o publicando eso, probablemente me parta la madre. Pero ya hablando un poco más en serio, te puedo decir que no hay jazz en si, ya que no manejan un código jazzisitico. Pero por otro lado la free music o el free jazz, si lo analizamos un poquito más, podemos encontrar que tampoco es jazz.

Por ejemplo, los discos de Piazzolla los tengo en mi hemeroteca junto con mis discos de jazz sudamericano pero, Astor Piazzolla no es jazz. Y es que a pesar de que estos grupos como Pink Floyd, King Crimson o Eric Clapton, en algún momento llegaron a improvisar de manera espectacular, no se les puede considerar músicos de jazz; ya que estos músicos dependen de otros códigos musicales que no corresponden al jazz.

El jazz es una cultura, no es solo un género musical. El jazz es una manera de ver la vida, como decíamos del rock cuando teníamos 15 años. Pero el rock tiene la gran bronca de que cualquiera puede acceder, algo que jazz no tiene.

Cuando a Duke Ellington le preguntaron que era jazz, el contesto “Si te lo preguntas, nunca lo vas a saber”, el jazz no se define con palabras, tienes que sentirlo. Así que no hay que preocuparnos tanto en definir el jazz, simplemente hay que disfrutarlo, porque nunca vamos a poder precisarlo. Es más, ni siquiera tenemos un dato exacto de cuando comienza el jazz…

Y después de una plática con Malacara, no queda más que seguir escuchando jazz.

17.1.08

Y cuando desperté, Pachuca estaba ahí


Es curioso, pero Pachuca salio a relucir en el primer Festival de Nacional de Jazz. ¿Cómo?, muy sencillo, entre los más de 20 grupos invitados para este evento, uno de ellos radica en esta ciudad. Y, no es precisamente uno de ellos, más bien ella, que por si fuera poco, es una de las mejores cantantes de jazz que hay en nuestro país, se llama Verónica Ituarte.

Aunque ella nació en la en la ciudad de México, lleva varios años radicando en nuestra ciudad y, es aquí, donde a muchos no les gusta vivir por ser un ciudad aburrida y anticuada, donde precisamente una gran jazzista decidió vivir.

Pero el punto no es precisamente hablar de Verónica, sino en lo curioso de como fue que llego el nombre de Pachuca a un festival de jazz. La ciudad tuza no tiene gran actividad jazzistica, el último concierto que más se le puede acercar al jazz sería el que hubo el 21 de diciembre cuando toco Cabezas de Cera en un pequeño salón de fiestas de la ciudad, en donde, por cierto, quedaron de tocar Mood Funky Trio, uno de los pocos grupos de jazz formalizados de esta ciudad y, no lo hicieron por problemas técnicos y de organización.

También tenemos el único festival de jazz en el Estado, que se ha llevado por cuatro años ininterrumpidos. Es organizado por un restaurante muy prestigiado de la ciudad pero, en el que lamentablemente, solo puede asistir quien puede pagarlo, en este caso, una pequeña elite de la ciudad.

En la feria del libro universitaria, en algunos años se preocuparon por tener un repertorio musical que incluyera jazz de talla internacional, pero en su ultima edición lo único que hubo de jazz, fue una pequeña charla que organizo el pianista Alexis Estrada en el Café literario. Además de un concierto que, a última hora no se llevo acabo por razones técnicas, económicas, o algo así.

Pero aun así el jazz se escucha en la ciudad, y gracias a Verónica podemos darnos el patriotismo de decir que Pachuca estará en un festival nacional de jazz, que por cierto iniciará el 15 de febrero a las 19 horas en el Foro Cultural Coyoacanense, y al parecer creo que no tendrá algún costo.

Ojala, que en algún momento, en nuestra ciudad se motiven más los eventos jazzisticos, y que no digan que no se hacen por la carencia de músicos de esta talla en la ciudad, porque los hay, y en su mayoría de buena calidad. Tenemos al grupo Midnight Blues, que tiene un jazz muy variado y hasta experimental, la ultima vez que pude verlos en vivo, estaban haciéndole un tributo a Gabilondo Soler, eso si, destacando más lo jazzistico que lo infantil. Ahí esta Alexis y su trío, Mood Funky, y muchos otros que tocan en pequeños cafés intentando hacer jazz en una ciudad, donde no parece haber otra cosa mas, que fútbol.

12.1.08

Carta de Woody

Mientras pasaron las hermosas fechas de diciembre, donde nos damos el lujo de descansar un poco más de la cuenta, recibí un correo electrónico que llamó mucho mí atención, me había escrito un hombre llamado Allan Stewart Königsber. En un principio pensé que se trataba de una broma, pero después de leerla me di cuenta que se trataba de una gran carta y de una gran persona. Me di el lujo de traducirla al español para compartirla con ustedes:

Querido Jesús:

Me di tiempo para escribirte porque descubrí a través de una computadora que tiene más ventanas que el castillo Chambord, y que los hombres le llaman Internet, que te gusta el jazz. Así que en cuanto miré tu correo de sugerencias reclamaciones no he dudado en hacerte la invitación para que asistas a los conciertos que presentaré este 2008 en la ciudad de Barcelona y, si me confirmas tu presencia, te podría regalar un pase doble para que puedas escucharme, sólo tendrías que pagar tu pasaje y tu estancia en la ciudad.

Yo sé que suena rara mi invitación, y más porque quizás no sepas quien soy, pero déjame decirte que mi banda no es muy buena que digamos, y si soy un poco más sincero, yo no toco muy bien el clarinete. Si yo no fuera una celebridad probablemente nadie asistiría a mis conciertos, y mucho menos haría giras por Europa con mi banda de jazz.

Deseo que asistas, porque ya estoy cansado que la gente sólo valla a verme porque soy el gran cineasta que toca el clarinete, si desean ver eso, también pueden ir al circo a mirar como los french puddles brincan los aros, porque en verdad presenciarían el mismo espectáculo. A mi me gustaría empezar este año con un publico distinto, con personas que escuchan jazz por disfrutarlo y que sea parte de su existencia, y no una manera de vida.

Ya busqué mucha gente como tú en Internet para invitarla, para que conozca mi trabajo musical y me hagan una critica constructiva y destructiva. Que me digan de una buena vez si vale la pena que siga presentando conciertos de música o de plano mejor me dedico a seguir haciendo jazz en la pantalla grande.


Sabes, también me gustaría que la gente me conociera como un gran jazzista y, se que para eso debo caminar mucho. Por eso, desde que tengo 14 años aprendí a tocar el saxofón, aunque después elegí el clarinete porque siempre he querido tocar el jazz que se escuchaba en Nueva Orleáns.

A veces aprovecho mis películas para sacar a flote mi talento musical y crear jazz con mi propia banda que se llama New Orleáns Jazz Band. Con ella andamos haciendo lo que podemos, presentándonos donde nos dejan, ensayando cuando tenemos tiempo libre, porque además de tener sexo, tocar con mi banda es uno de mis pasatiempos preferidos.

Con decirte que la primera vez que gané un premio en Hollywood, esos premios que ya están arreglados, y que cuado ganas, pasas al frente para que te den una estatuilla de oro de un hombre cruzado de brazos y que se llaman Los Oscares, no asistí a dicho evento, ya que estaba tan concentrado tocando mi clarinete en mi casa, que se me olvido asistir. Como iba a dejar la oportunidad de seguir tocando mi clarinete, justamente cuando le estaba haciendo el amor, sólo por que tenía que ir a recoger un premio, que de cualquier forma, me lo mandarían por correo.

Aunque no se que tan lejos quede Pachuca de Barcelona, espero encontrarte en mis conciertos por Europa, y espero un día visitarte por tu ciudad, o si tu prefieres, hacemos una sesión de jazz en mi casa, tráete el instrumento que toques y unos amigos, sirve que los llevo a conocer un bar en Nueva York que esta fantástico.

Se despide, Woody Allen

14.12.07

Navijazz

Ya estoy cansado de escuchar en todas las navidades las mismas canciones, los mismos discos que se refunden en algún lugar oscuro de la casa. Álbumes discográficos que deben ser comprados y destruidos en cuanto vean alguno, sin importar que sean originales o piratas.

Escúchenlos, quizás una sola vez, pero después procuren demoler estos covers navideños como “Campana sobre Campana” interpretada por RBD, “Rodolfo el Reno” con Belinda, o Ninel Conde con “El año viejo”, háganlo por el bien de otros discos que jamás se escuchan o que se pierden en ese agujero invernal llamado Navidad. Pero si todavía creen que no hay otros, y que lo único que se puede poner es el disco de Luis Miguel navideño, ahí les van unas humildes recomendaciones de La hora jazz.

NewOrleans Christmas. Este disco que saliera en el año 2006 por el sello discográfico Putumayo, es una buena recomendación para comprar en esta navidad. Es sencillo, es remontarse a las buenas épocas del Jazz de Nueva Orleáns, pero en una versión para la época. Se pueden encontrar temas tan conocidos como “White Chrismas” cantada por John Buhoté y otras desconocidas como “Santa’s Second Line”. El disco esta lleno soul jazz y, hay algunas canciones que se pueden bailar con toda la familia o con la pareja, ya que tiene temas donde se acompañan de grandes bandas como la New Birth Brass Band.

Diana Krall, Christmas Song. Para los que prefieren ser un poco más neutros y no caer en los excesos de algo muy quemado, o algo que no sea muy desconocido, esta la canadiense Diana Krall son su disco navideño que sacara en el 1 de noviembre del 2005. En este disco la pianista decidió recopilar temas populares de la navidad con grandes arreglos jazzisticos. Dentro de este álbum participaron más de 25 músicos junto con la magnifica voz de Krall, que hacen las canciones digeribles, con un toque sensual, en las que inclusive, como a la mitad del disco, te olvidas un poco que es de navidad. Un gran trabajo navideño que no puede faltar este 25 de diciembre y es fácil de conseguir en alguna tienda de discos.

Louis Armstrong, What a wonderful Christmas. Un disco para aquellos que quieren algo más sofisticado. Temas clásicos de la navidad interpretados por uno de los mejores trompetistas de swing de la historia. Pero ahí no acaba lo magnifico del disco, ya que en esta recopilación navideña, Armstrong hace acompañar a su trompeta y a su excelente voz con otros grandes del jazz: Dinah Washington, Benny Carter, Lionnel Hampton, Duke Ellington y su orquesta, entre otros. A pesar de ser grabaciones muy viejas, la remasterización que tubo el disco hace un par de años, hace que el disco se escuche con una buena fidelidad sin perder el toque antiguo de las interpretaciones.

Son tres opciones que les ofrezco; deseándoles en su cena de navidad una excelente comida, buenos regalos y una rica bebida, pero sobre todo, desearles un buen regalo musical.

10.12.07

De Aztlán a Jazztlan

Observas, y te das cuenta que en la mesa de en medio un grupo de personas aprovecharon el concierto para cruzar las copas, abrasarse y emborracharse hasta que las carteras quedaran vacías. Haber tenido la fortuna de estar en la única presentación de Jazztlan en la ciudad de Pachuca en el 2007, y haberlos escuchado como si fuera música de lobbie, como si este tipo de grupos se presentaran todos los domingos en la plaza independencia, pero que importa, al fin y al cabo ellos pagaron su cuenta.

Pero hubo otros que si sabían lo que ocurriría, que estaría en el escenario uno de los grupos más originales de jazz en nuestro país. Un grupo que toca lo que siente, que sabe compartir su música entre ellos y la gente que los escucha. Que a pesar de ser músicos que pertenecen a otros proyectos, cuando son jazztlan, son solo eso, y lo disfrutan.

Jazztlan es un grupo que se formó por los años ochenta, pero que se consolidaría hasta 1992 como un cuarteto conformado por Carlos Gallegos en el piano, Ricardo Ramos en el vibráfono, Rafael Sáenz en la batería y Alfredo Landa en el Bajo. Con el tiempo el grupo fue cambiando hasta consolidarse como un quinteto con Arturo Ramírez en el piano, Mauricio Blass en la batería, Jorge Cristians en el Saxofón y los dos únicos sobrevivientes que han estado desde el inicio del grupo, Ricardo y Alfredo.

No se como sonaba jazztlan en los 90’s, pero en este nuevo milenio, es un grupo que se podría presumir como uno de los pocos que trasmiten en el escenario lo que son, sin prejuicios ni moldes, expresando que son un grupo mexicano con un toque argentino. Que el “tlan” viene de Aztlan, del origen de los mexicanos, y el jazz, de las influencias musicales que cada músico trae en el corazón.

En el jazz de esta agrupación, hay rock, música clásica, progresivo, todo esto oculto en cada nota. Cinco hombres que cuando tocan, ríen, platican entre ellos, y hasta el vibrafonísta se da el lujo de mirar los mensajes de su celular mientras toca, como si sus manos estuvieran conectadas a su instrumento.

En el grupo Jazztlan nadie dirige, o por lo menos en los conciertos parecen libres. Simplemente juegan con la música, alguien de pronto sincopea y exagera en una de sus notas y no se sorprenden, ya que es común entre ellos. Vuelven a sonreír con la mirada, platican entre ellos y se preguntan “¿Se escuchó bien?” y siguen riendo, y siguen volando como si el escenario fuera una aeronave sobrevolando por el cielo.

Así son ellos, mezclándose musicalmente él uno con el otro, sin existir favoritismos, complaciendo a la gente si le piden “La chica de Ipanema”, que Alfredo Landa la sobrenombra “La Abuela de Ipanema” por ser un tema muy viejo y demasiado conocido. Interpretando las composiciones que ellos mismos hacen, tocando temas tan complicados como los de Sun Ra o Herbie Hankock.

Y al final son distintos, vidas que cada uno de ellos lleva bajo la piel y, ¿Por qué no?, a través de los Procesos Urbanos y de un Cibertango, en un 7° día de la semana se vuelvan a encontrar por la bella airosa para formar jazz, sin dejar de ser jazztlan, sin dejar de ser vidas diferentes.

30.11.07

Campos de concentración

Presenciar un concierto de Alejandro Campos es como mirar un video de jazz de los años cincuenta. Un grupo de cuatro personas proyectando lo que saben y pueden tocar, cada uno en su mundo, en su instrumento, pero eso si, sin olvidar que son guiados por un líder, por un maestro que guía a los demás, y que solo le interesa tocar jazz.

Cuando Alejandro toca su saxofón es serio, no hace fiestas, y mucho menos trata de quedar bien con el público que lo escucha, simplemente interpreta, siente su música y no le interesa nada más, simplemente crea su propio campo de jazz que cultivaría cuando apenas contaba con nueve años de edad y se ponía a escuchar a Dave Brubeck, Thelonious Monk, y a John Coltrane entre otros, gracias a su hermano Edgar, que también se dedico al jazz tocando la batería.

A los quince años fue influenciado por la música de Miles Davis, decide tocar la trompeta, la cual no le gusto mucho, para después decidirse a tocar el saxofón. A sus dieciocho años tubo su primer contacto con otros jazzistas, cuando se encontró con el pianista Eugenio Toussaint. Juntos tocarían un palomazo donde Eugenio quedaría encantado de tocar con el saxofonista, y lo invitaría a seguir tocando con él.

Alejandro campos es un músico que ha estado en grandes proyectos de jazz mexicano. Estuvo con Roberto Aymes con el grupo Blue Note, grabó con Sacbé dos discos y también participó en la creación del grupo Astillero. Todo sin contar las numerosas participaciones en vivo que ha tenido con otros artistas de talla nacional.

En el año 2000 formó su propio cuarteto con el que toca actualmente, participando en salas de conciertos, así como en restaurantes prestigiados, pero eso si, sin dejar a un lado su estilo serio en la interpretación.

“Al jazz hay que ponerle atención, ya que no es como los temas que generalmente escuchamos en la radio, de esos que no duran mas de tres minutos. No, para tocar jazz, así como para escucharlo, hay que tener una cultura del jazz y llenarse de él, pero sobre todo, hay que prestarle mucha atención” eso dijo Alejandro campos un 23 de noviembre del 2007 en el cuarto festival de jazz en Pachuca. Creo que de ahí viene su manera sería de tocar, ya que cuando lo hace, profundiza y siente cada una de las notas que salen de su saxofón.

Alejandro no es un jazzista complaciente, el toca lo que le gusta, experimenta con la música y trata de llegar a una mejor improvisación. A veces da la impresión de que en cualquier momento dejara su sax para regañar al distraído que no lo escucha, o sencillamente, parece que se pierde entre las sincopas y las creaciones que se generan en el instante.

No lo sé, quizás y en ese concierto él estaba enojado, y generalmente acostumbre a sonreír y ser mas activo en escena. Pero ese día, mientras tocaba a Stan Getz y a otros grandes del jazz, me pareció ver todo en blanco y negro. Creí entrar en la gran época del hard bop, y escuchar el jazz clásico que pocos se atreven a tocar en la actualidad. Fue como retroceder en el tiempo hasta ser parte de la concentración de Alejandro Campos, y entender porque Coltrane y Davis tocaban de manera tan sería, sin afectarles quien los escuchara, sin impórtales hasta donde pudiera llegar su música.

Compositor hidalguense presenta sus piezas musicales de 25 años de trayectoria

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, existió en el Estado de Hidalgo uno de los compositores más importantes que ha dado nuestro país, Abundio Martínez. Él era un músico capas de componer e interpretar melodías que plasmaron lo que México vivía en aquella época. En la actualidad, en nuestro Estado, todavía contamos con músicos capaces de componer, interpretar e incluso, experimentar en algún instrumento musical, como es el caso del pianista Luis Jaime Escorza.

Luis Jaime se presentó en el Auditorio Baltasar Muñoz Lumbier el 25 de noviembre del 2007 para celebrar sus 25 años de trayectoria musical. Llevó acabo un recital de su música interpretada en el viejo piano universitario, que cuando alguien llega tocar sus pedales, rechinan al igual que las sillas del auditorio. Pero aun así, el pianista se aventuró a presentar un concierto lleno música que no se encuentra grabada en ninguna compañía discográfica, que solo se escucha en alguna sala de conciertos o en alguna escuela de artes.

El concierto duró alrededor de una hora, tocando temas con los que el compositor iniciara su carrera artística en los años ochenta, como “Preludio en C” “Sueña”, y temas que ha compuesto en los últimos años como “Mar de ser” y el tema “Melsyl”.

A la mitad del concierto fue acompañado por la voz de Susana Mijangos, soprano que estudió la licenciatura en canto de ópera y concierto, en el Conservatorio Nacional de Música. Juntos interpretaron dos temas, pero el que más emocionó al público fue “Tesis en Mi”, donde la soprano recita dentro del tema un pensamiento escrito por el propio compositor en Náhuatl:

“Les pregunto a los árboles por ti, y caen desmoronados en pájaros sin mirarme si quiera. A veces el silencio se convierte en un hongo que crece hasta ser cielo y grita,
y llora, para que no me atrape antes de preguntar otra ves por ti”.

Jaime tuvo sus primeros estudios formales en la Escuela de Música José F. Vázquez, continuándolos en la Escuela nacional de Música de la UNAM, donde estudió piano, armonía y contrapunto. En 1996 fue becado en la categoría de creadores con trayectoria en el área de composición musical, del Fondo Estatal para la cultura y las Artes de Hidalgo con su proyecto “Tesis en Mi”

Al final del concierto Luis recibió las felicitaciones de su público, y fue tanta la emoción que provocó el pianista, que las personas que se encontraban en el lugar lo obligaron a subir al piano, para que tocara nuevamente. Él aceptó, y tocó alrededor de diez minutos más, demostrando que es un pianista exigente en lo que toca, rígido con su público, sin olvidar que no es el primer pianista, ni el último que lo habrá en el Estado de Hidalgo.

25.11.07

Jazz Tempo: Un camino largo por recorrer

Es triste que un grupo musical no goce de una compañía discográfica, y más cuando son músicos dedicados a difundir un género en especial, como el grupo Jazz Tempo que fundó el bajista Alex Loyola por el año de 1986.

Loyola inició este proyecto de jazz con personas distintas y, como suele pasar en la mayoría de los grupos musicales, siempre hay personas que se quedan en el camino, pero hay otras que entran y se fusionan muy bien con los proyectos. Desde hace tres años este quinteto pudo consolidarse con Mauricio Blass en la batería, el argentino Jorge Cristians en el saxofón, Arturo Ramírez en el piano y Fabiola Chávez en la voz.

Todos ellos con edades distintas, Mauricio y Fabiola no rebasan los 30 años de edad, mientras que Arturo ya anda pasando de los treinta. Jorge al igual que Alex, oscilan ya por los cuarenta y tantos años. Pero las variaciones de edades no ha sido un obstáculo para ellos, sino todo lo contrario, o al menos eso me contó Alex cuando tuve la oportunidad de platicar con él en el cuarto festival internacional de jazz de la ciudad de Pachuca “Si, tenemos edades distintas, pero eso ha hecho más rico el proyecto”.

“Jazz Tempo, es el tiempo exacto de hacer jazz, el momento justo y adecuado para explorar este genero, y difundirlo” comentaba Alex. Y así lo tratan de hacer en su disco que no tiene un nombre en especial, pero que si cuenta con seis temas que ellos mismos consideran un estándar en el genero: “I’ve got you under my skin”, “Night and Day” de Cole Porter, y también temas conocidos como “Bésame mucho” o “La Chica de Ipanema”.

Es curioso, pero a pesar de que en su disco pueden sonar cuadrados y alivianados, en vivo son distintos. Se pueden fusionar perfectamente con otros ritmos, pueden tocar jazz con un poco de reggue, pasar por el funk a los estilos africanos y todo esto en canciones tan comunes como “blue moon” o “una mañana”.

Así es como ellos saben mezclar el jazz, sin perder el estilo y el estándar. Tocando en restaurantes nocturnos, como en lobbies de hoteles renombrados, esperando ser llamados en los festivales musicales del país, encontrando caminos inesperados, perfectamente improvisados, siempre con una mirada sincopada.

Para Jazz Tempo es el tiempo justo de tocar jazz, aceptar que han pasado por otros géneros como el pop, el rock o los boleros sin despreciarlos, sabiendo que tarde o temprano se encontrarían con el jazz para nunca soltarlo, y sentir la música en cada concierto. Seguir tocando hasta que el tiempo se acabe, seguir recorriendo el camino, con la ilusión de quedar grabados algún día en la historia mexicana del jazz, sin importar cuanto se tenga que recorrer, sin pensar cuanto se tenga que caminar.

18.11.07

Musicalmente tolerante


“No es malo que los violines se escuchen a destiempo, lo malo sería que los violines jamás se pudieran escuchar”

Si te gusta el rock, no puedes escuchar pop. Si saboreas la música sinfónica no debes oír dance. Pero si escuchas jazz, ¿Qué es lo que no puedes escuchar? Hago esta pregunta debido a que este 16 de noviembre, como todos los años, se celebra el día internacional de la Tolerancia, ese día donde supuestamente debemos reflexionar acerca de la libertad y el respeto que le tenemos a las demás personas y a nosotros mismos.

Se habla de la tolerancia en el género, en lo político, de raza, entre otros y, ¿Dónde quedó la tolerancia musical? ¿Cuántas veces en nuestra casa nos han prohibido poner algún disco sólo porque a alguien no le gusta escucharlo? creo que a todos nos ha pasado, y tenemos que reprimir nuestros gustos musicales en lo más profundo de nuestro corazón.

Creo que no importa cuantos géneros musicales nos puedan gustar, que en nuestra colección de discos tengamos a La Orquesta Sinfónica de Nueva York, un disco de Peter Gabriel, una colección completa de José Alfredo Jiménez, un disco de John Coltrane, un sencillo de Michael Jackson en acetato, y un disco de José José y Gloría Trevi, ¡que importa cuanta diversidad tenga nuestra colección, si existe la tolerancia!

La tolerancia de que puedo escuchar “Take Five” de Dave Brubeck para después poner “Amar es algo más” de Los Amigos Invisibles. De ahí pasar a una buena cumbia de Los Ángeles Azules y después poner una canción de Devendra Banhart o de Tony Bennett. Y es que eso es lo mágico de la tolerancia musical, de disfrutar cada tema que pasé por nuestros oídos y conocerlo, ya que peor sería quedarse en la ignorancia de no haberlo escuchado.

Imagínense que los jazzístas fueran verdaderamente herméticos en sus gustos musicales. Si eso fuera así, hoy no existirían grupos como Gotan Project, que mezclan los tangos con la música electrónica, o Poncho Sánchez haciendo salsa con jazz. Los experimentos de mezclar rock, jazz, boleros, música de cámara de John Zorn, Mr. Bunlge o el grupo Laba sencillamente no existirían.

Chick Corea nunca hubiera interpretado “El concierto de Aranjuez” en su album Light as a Feather, y Miles Davis nunca se hubiera mezclado Rap en su último disco llamado Doo bop. Caetano Veloso jamás habría cantado “Farolito” de Agustín Lara, “Come as you are” de Nirvana” o “Eleanor Rigby” de Los Beatles.

En pocas palabras, si el jazz no fuera tolerante, se habría quedado en los años veinte, con el swing y nada más. No hubiéramos disfrutado de grandes fusiones que existen ahora. Simplemente el blues y el jazz seguirían escuchándose únicamente en los barrios bajos de las grandes ciudades, esperando a ser tolerados, buscando la libertad de ser algún día escuchados.

7.11.07

Concierto un poco Prieto

Es raro, pero de pronto, caminando, entre esas calles donde sopla un viento acompañado de polvo y soledad, encontré un concierto de jazz. Lo más curioso de todo es que por primera vez, esa armonía de sonidos serían solo para mí, sin que nadie más lo pudiera escuchar.

Llegue aquel restaurante, observé que las mesas se encontraban vacías pero, en cambio, el escenario estaba repleto de sonido, lleno de energía sincopada, como si el cuarteto de músicos estuvieran frente a más de cien mil personas pero, solo estaba yo.
Decidí sentarme, escuchar el sonido que dispersaba el cuarteto de Pablo Prieto y, esperar a que algo sucediera, y en efecto, sucedió bastante. Ya que no solo escuché, también observe a cuatro músicos enamorados del jazz que no les importó tocar frente a mí o frente a nadie. No puedo olvidar por ejemplo, la sonrisa de Dulce Recillas mientras tocaba el piano, que de vez en cuando paraba la cabeza para mirar a sus compañeros, y sus manos parecían dos bailarines contentos sobre un piano, que bailaban con la mejor intención de hacer jazz.

Algo que también observé fue un contrabajo lleno de pasión femenina y, aunque ya había observado tocar este instrumento por una mujer, nunca lo había visto hacerlo como lo hizo Pilar Sánchez aquella noche, no estoy seguro pero, creo que ella ama su contrabajo, porque lo tocaba con fuerza, como se abraza a la persona que uno ama, y al mismo tiempo, era cuidadosa en cada una de sus notas, dejando en cada una de ellas, un feeling de alegría y calor.

Jorge Brauet de vez en cuando descansaba su Saxofón, se iba del escenario y regresaba para volver a tocar, y cuando lo hacía, no titubeaba en hacerlo de manera sorprendente, de pronto cerraba los ojos, de vez en cuando su sonido resaltaba de los demás instrumentos y le daba el toque romántico al concierto. Cuando menos sentía, desaparecía nuevamente del escenario o dejaba que sus compañeros improvisaran.

Este cuarteto estaban encabezados por Pablo Prieto en la Batería, un músico que dejaba notar su talento en la sencillez de sus percusiones. Y es que no es como los bateristas que tratan de lucirse golpeándole a su instrumento lo más duro y rápido posible cuando les toca improvisar, sino todo lo contrario, trataba de tocar sus platillos y sus tambores con delicadeza. A Pablo no le interesaba sonar fuerte, le interesaba sonar bien. Sus improvisaciones no era muy largas, como lo hiciera alguna vez Art Barkley, pero fueron suficientes para hacer vibrar las botellas de vino que se encontraban en las mesas, y sellar su sonido en los aires pachuqueños.
Así tocaron alrededor de dos horas y, al final, me acerque a ellos para preguntarles como se habían sentido al tocar en aquel lugar, a lo que el cuarteto contesto con un tono sarcástico: “Muy padre, la verdad nos encanta tocar en lugares así, pero lo que más nos gusto fue la vibra de toda la gente que vino a vernos tocar”. Después me retiré con un excelente sabor de oído, preguntándome si algún día regresarán.
Bueno, la verdad es que también estaba el dueño del restaurante, los meseros y dos parejas de enamorados. Una se fue a la mitad del concierto, y la otra… creo que nunca se percató que había un concierto de jazz.

2.11.07

Muertos sincopados

“Podrá no haber jazzístas, pero siempre habrá jazz”

Esta ocasión quisiera hacer un altar de muertos distinto, no quiero poner a mis abuelos o a mis tíos lejanos, mucho menos el amor secreto que todos tenemos por ahí escondidos, tampoco deseo santificar a mi suegra o a mi mejor amigo que por circunstancias de la vida, se lo llevo el destino. Esta vez ambiciono hacer un altar de muertos con todos los músicos sincopados, y ponerles como ofrenda sus mayores placeres y deseos, para que la calaca tilica y flaca se llene de jazz.

Comenzaré con Michael Brecker que el destino se lo llevó al cielo para seguir componiendo con su saxofón el 13 de enero del 2007, un hombre que desde niño se le cultivo el jazz en el corazón, y que a sus veinte años de edad ya tocaba con Frank Sinatra, John Lennon, Erick Clapton, entre otros grandes. En su carrera como músico llego a ganar 13 Grammys, y se llegó a considerar el sucesor de John Coltrane, otro de nuestros integrantes en el altar de muertos.

Coltrane era otro amante del saxofón, uno de los mayores exponentes del jazz del siglo XX. Junto con el trompetista Miles Davis llegó a evolucionar la música, dejándose llevar por notas libres y duras, creando en los años cincuenta lo que se conoce como hard bop y free jazz. Miles y Jhon dejaron a la humanidad discos excelentes como “A Love Supreme”, “Milestones” y "Kind Of Blue”, discos que no necesitaron de gran tecnología para lograr la inmortalidad.

Para darle un poco de carisma a mi altar, pondré una fotografía de Louis Armstrong, la pondré entre una de las principales, junto a la de Juan José Calatayud, se que estos dos personajes le quitaran la tristeza a mi ofrenda, y la harán aun más original.

Y es que hablar de Armstrong es remontarse a los mejores años del swing, del jazz que volvía loco a todo el mundo en los años treinta, es escuchar una de las trompetas más locas y alegres de la historia. A Louis no le importaba tocar frente a gente negra o blanca, a el simplemente le interesaba tocar y hacer que las chicas se les enchinara la piel con su voz en la canciones románticas, así como provocar el baile a todos los hombres con lo alto de su trompeta. Sin duda, era una persona que se fundía en el escenario, que hacía, y hace olvidar, la tristeza a través de cada uno de sus temas.

Por otra parte Calatayud, este pianista mexicano que no podía faltar en nuestro altar, y que sin duda, su alegría y carisma hará que las flores de cempasúchitl se pongan a bailar. Un pianista que también tocaba con el corazón, que no necesito de un pedal para convertirse en uno de los mayores exponentes del jazz en México. Si por él hubiera sido, habría tocado con una sola mano, con un sólo dedo, y de cualquier forma su música se hubiera quedado en la eternidad. Seguramente muchos jazzístas de la actualidad han de querer resucitarlo, pues todos aquellos que llegaron a tocar con él, saben que el único requisito para tocar con este pianista era disfrutar la música, equivocarse y volverlo a intentar, y quizás, equivocarse nuevamente, con la intención de formar algo nuevo.

Valla que será una ofrenda de muertos muy grande, donde también incluiré a Nina Simone, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, James Brown. También a jazzístas un poco más melancólicos como Charles Mingus o Thelonious Monk. A todos ellos les pondré algo que disfrutaron en vida, instrumentos como el piano, saxofones, trompetas, una batería, armónicas, un banjo y una guitarra. También les dejaré un poco de marihuana, de cocaína, cigarros, un brandy, tequila, vino tinto, y buen whisky. De comer les dejare poco, solo comida árabe, china y mexicana, un poco de pan de muerto y, una grabadora escondida para que quede grabado el concierto espiritual entre todos estos maestros que aun hacen vivir el jazz.

26.10.07

Caricatujazzeando

Todos escuchamos jazz en momentos que menos imaginamos, lo percibimos inclusive, en lugares donde nunca pensamos que podríamos escucharlo. Es ahí donde comienza nuestro viaje por el mundo jazzístico del cine y la televisión, en esos dos medios que nos rodean constantemente y, que de vez en cuando nos dan breves lecciones de jazz.

Comenzaremos con una película de cine, que sin ser necesariamente un film biográfico de jazz, este género musical es indispensable para la trama de esta película. Me refiero a “Taxi Driver”, película realizada en 1976 por el director Martín Scorsesse, donde la banda sonora fue realizada por Bernard Herrmann. No se puede negar un sentimiento de tristeza mientras se escucha ese jazz de Bernard, que lo llevaría a ganar el premio Anthony Asquith en los premios Bafta a la mejor música sonora de aquel año.

Otro ejemplo claro del buen jazz cinematográfico, y que sin duda todos hemos escuchado, es el primer tema sonoro de la película “James Bond”, escrito en 1962 por Monty Norman junto con la orquesta de Jhon Barry, quienes le dieran los toques jazzísticos suficientes para convertirlo en uno de los temas sonoros más conocidos en el mundo del cine.

Grandes cómicos, sin ser necesariamente músicos, se han unido a la interpretación de temas jazzísticos en el cine, Jim Carrey por ejemplo cantó el tema “Cuban Pete” en el soundtrack de la película “The mask” que se realizara en 1994 junto con una gran banda de swing, donde también participó como actor principal. En 1970 el cómico Germán Valdés “Tin Tan” realizaría en 1970 el doblaje del gato seductor en la película “Los aristogatos”, cantando la canción “Everybody wants to be a cat” que interpretó originalmente el jazzista Phil Jarris, pero que para muchos críticos, la versión en español superaría la versión en ingles, donde Tin Tan traducía esta canción como “Todos quieren ser ya gatos jazz”.

No puede faltar uno de los temas más populares tanto en el jazz como en la televisión, nos referimos al tema de la caricatura “The Pink Panter” creado por el estadounidense Henry Mancini, quien a principios de los sesentas colaboraría para la realización del tema de esta película. Quien iba a pensar que una pantera con características de Chaplin llegaría a tener el tema más sofisticado de las caricaturas del siglo XX, quizás nadie, pero así sucedió.

Así podemos seguir mencionado una interminable lista de dibujos animados y series de televisión que no pueden negar un toque jazzístico: El show de Cosby, donde Bobby McFerrin, gran interprete de acapella, interpretó por varios años el tema de esta serie. Hanna Barbera en la mayoría de sus caricaturas como en “Don Gato y su pandilla” y “Los Picapiedra”, utilizó un a gran orquesta de swing para los temas principales. Y que podemos decir de “Los Simpsons”, que hasta cuenta con su propio personaje de jazz llamado “Encías sangrantes” que es un completo tributo a la música que naciera en Nueva Orleáns.
Dejemos de mencionar que el jazz es solo para una elite social cuando lo podemos encontrar en caricaturas actuales como “Los padrinos mágicos”, o hasta en series mexicanas para niños como “Odisea Burbujas”, donde el gran compositor Juan García Esquivel deja notar su gran capacidad orquestal. De ahora en adelante escuchemos con atención lo que hay en nuestro alrededor, porque el buen sonido muchas veces lo encontramos donde menos podemos imaginar.

7.10.07

Halla en la fuente había un Jazzísta…

Era el año de 1907, y la música buscaba nuevos horizontes para expresarse mediante la improvisación y el swing en las calles de Nueva Orleáns. Mientras, en Orizaba, Veracruz, un 6 de octubre para ser más exactos, nacía un hombre que también revolucionaría la música no solo en México, sino en todo el mundo. Francisco Gabilondo Soler, ese grillito cantor que no solo gustaba de la astronomía y de buenos cuentos, también del arte del jazz con el que tarde o temprano tendría que encontrarse y fundirse como buen músico.

Esta es una parte de la casi no se habla de Cri crí, de ese corazón jazzista que tenía y, que en muchas de sus canciones infantiles dejo plasmado. Para comenzar podríamos decir que la Canción “El negrito Bailarín” es un tema completamente jazzístico, en donde la batería y el piano no puede evitar llevar el ritmo del jazz, y la letra, es otro claro ejemplo de ello, en donde al pequeño negrito se le invita a bailar un poco tap.

Quizás no fue un gran improsador como otros músicos de su época, pero si llego a ser un gran orquestador influenciado por las grandes big bands que se escuchaban en aquellos años, ya que le fascinaba escuchar jazz en sus ratos libres, en especial a Duke Ellington.

Pero si esto no les basta para pensar que el grillo cantor también era un grillo jazzísta, pues déjenme contarles que el fue uno de los pocos músicos que por los años veinte del mismo siglo XX, pudo viajar a la ciudad de Nueva Orleáns; gracias a que su padre lo mando a esta ciudad para que aprendiera el oficio de Linotipista, profesión que no aprendió para mejor meterse a los bares donde se tocaba jazz, y aprender no solo este estilo musical, sino también a tocar muchos de los instrumentos que se usan para la improvisación como la batería y el saxofón, llegando a formar incluso su propia banda.

Y es que era inevitable que Gabilondo Soler no mezclara, como la gran mayoría de los músicos de aquellos años, el jazz con otro genero musical. Ya que son las décadas de los cuarenta y los cincuenta, donde este genero se escuchaba con más frecuencia en la radio alrededor del mundo. Y mientras el alocado de Dizzy Gillespie mezclaba el jazz con la música afro americana, o Miles Davis se adentraba en el soul y el funk, Francisco tomo una dirección hacia la música infantil, y es que aparte de ser músico, era una gran fanático de los cuentos fantásticos y de los niños, lo que llevo a fabricar temas que perdurarán para toda la eternidad, como “Di porque” o “Che araña”, “la muñeca fea” solo por mencionar algunas.

Su estancia en Nueva Orleáns, realmente no fue muy larga, pero si fue una gran influencia para crear sus más de 200 canciones infantiles y ser uno de los mejores compositores mexicanos junto con Agustín Lara, del cual también era fanático y del que tomó ese romanticismo para componer sus canciones.

Además de todo lo mencionado, podemos decir que como la mayoría de los grandes músicos, el grillito cantor fué autodidacta al aprender el piano, y tener otros oficios aparte de componer canciones, tales como alpinista, astrónomo, beisbolista, bombero, carpintero, ciclista y torero, en donde en el ultimo oficio no pudo florecer mucho debido a que no tenía el valor de matar al toro.


Muchos músicos en la actualidad han interpretado sus composiciones en un jazz más puro, pero pocos han sido los que han llevado estos proyectos a una compañía disquera. Un ejemplo es Eugenia León que en 1994 grabara un disco completo con temas de cri crí. En el estado de Veracruz la mayoría de las orquestas sinfónicas han hecho el intento, y en la ciudad de Pachuca el grupo “Might night Blues” ha llegado a ser para el centenario del nacimiento del grillo cantor otras interpretaciones, en donde se deja notar con mayor facilidad el jazz que sube y baja al compás de la canción.

Solo quiero terminar este texto con algo que quizás, no sea tan revelante o cierto, pero creo que Gabilondo Soler le compuso a los niños no solo por la magia de la radio y fantasía del cual gustaba, también porque son ellos los que sienten con mejor facilidad el jazz.