El jazz también existe en la selva, en esa parte del sureste mexicano lleno de riquezas naturales. Para ser más exactos, hay un grupo de jazz que se hace llamar Ameneyro en San Cristóbal de las Casa, Chiapas; y desde ahí, han intentado crear un nuevo jazz lleno de magia, que puede crear en nuestro corazón cualquier tipo de imágenes.El mejor ejemplo de ello es el disco Tele-visión, un disco perfecto para emprender un vuelo con una botella de licor, algún tipo de droga natural, o simplemente cerrar los ojos y disfrutarlo con la aspereza de la soledad. Comienzas a escucharlo, te adentras a una marimba y de pronto, se escuchan voces de fondo, sonidos ambientados, y una guitarra que se une a un grito de guerra. Ya para el tercer track, reluce un poco más el jazz. Los temas te van relajando hasta llegar a una inconciencia y, como la propia caja idiota, va manipulando tu cerebro, para operar tus sentimientos.
Sinceramente, si gustan poco del jazz clásico, quizás les pueda parecer un poco impertinente este álbum, así que se recomienda escucharlo con un poco de mente abierta, y si es posible, se recomienda escuchar antes Ummagumma de Pink Floyd, o a Frank Zappa. Pero más que nada se recomienda percibirlo con la mejor intención de explorar nuevos horizontes musicales.
Ameneyro no solo se queda en el campo de experimentación, al menos en su producción “Hecho en San Cristóbal”, maneja un jazz latino que pone a bailar los pies en cualquier circunstancia. Este álbum se puede poner al término de una comida, o para tomarse unas cervezas en la playa. Creo que en este disco, la pianista Patricia Reyes se deja explorar a ella misma, y combina perfectamente el piano con las percusiones y el sabor que caracteriza este tipo de música.
Este disco es más recomendable escucharlo con un buen Ron, y de preferencia en la playa. De no ser así, se puede hacer una fiesta con un grupo de amigos que disfruten de buenas percusiones, y preparar una mariscada para sorprenderlos.
Sin duda, Ameneyro esta creando una música completamente innovadora en el país, capas de crear una ambientación completamente distinta en cada de uno de sus discos, sin dejar a un lado el refuerzo de su cultura y un contexto completamente folklórico mexicano, bajo una experimentación estética, y estrictamente contemporánea.

Aquí un pequeño viaje que pueden hacer con su música.
Ameneyro…
Escucho la introducción del disco, y parece que me remonto al México del año 2000. Entonces tomo el bastón de mando, me adentro al III congreso que tengo pendiente. Tomo las llaves de mi auto, me dirijo hacía él, y en el camino me encuentro con los mejores paisajes, con los mejores bosques, y es ahí cuando se me viene en mente, ¿qué puedo hacer cuando vuelvan los lagos a ser cristalinos?, quizás poder pescar en ellos, invitar a la mujer que amo a nadar, y hacer un bailecito bajo el agua.
Si no hay nadie a nuestro alrededor, podríamos hacer el amor hasta que una lluvia roja nos cubra con su encuentro, y así, seguir bailando. Quizás cuando termine ese encuentro, y cuando termine esa lluvia, no vuelva a ver a la mujer que amo, y solo me quede como una sombra triste a la orilla del lago.
La vida es un carrusel en el que hay que tener los mejores preparativos para subirse y, afrontar las consecuencias. Quizás nos valla bien, o tal vez nos valla mal, y en algún momento de locura y desesperación miremos al cielo y gritemos “falso Dios del excremento endurecido, ¿Por qué me paso a mí?”. No va a ver más remedio que caminar sobre corales, visitar Tenochtitlan de noche y, sentir la danza del poder.
Y entonces volver a comenzar, inventar una nueva introducción, para ir del canto al canto, seguir bailando, y seguir contando historias, hasta que el disco se acabe….









Mientras pasaron las hermosas fechas de diciembre, donde nos damos el lujo de descansar un poco más de la cuenta, recibí un correo electrónico que llamó mucho mí atención, me había escrito un hombre llamado Allan Stewart Königsber. En un principio pensé que se trataba de una broma, pero después de leerla me di cuenta que se trataba de una gran carta y de una gran persona. Me di el lujo de traducirla al español para compartirla con ustedes:













Todos escuchamos jazz en momentos que menos imaginamos, lo percibimos inclusive, en lugares donde nunca pensamos que podríamos escucharlo. Es ahí donde comienza nuestro viaje por el mundo jazzístico del cine y la televisión, en esos dos medios que nos rodean constantemente y, que de vez en cuando nos dan breves lecciones de jazz.
Era el año de 1907, y la música buscaba nuevos horizontes para expresarse mediante la improvisación y el swing en las calles de Nueva Orleáns. Mientras, en Orizaba, Veracruz, un 6 de octubre para ser más exactos, nacía un hombre que también revolucionaría la música no solo en México, sino en todo el mundo. Francisco Gabilondo Soler, ese grillito cantor que no solo gustaba de la astronomía y de buenos cuentos, también del arte del jazz con el que tarde o temprano tendría que encontrarse y fundirse como buen músico.






Pocas veces podemos apreciar en la ciudad de Pachuca un encuentro lleno de magia, recuerdos y síncopas musicales, y para ser sinceros, ni el propio Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), que se propuso reunir el viernes 24 de agosto al periodista pionero en escribir, promover, recopilar y difundir el jazz, Antonio Malacara, para llevar acabo la presentación de su ultimo libro “Modelo para armar”, pensó que se fuera a llevar con tanta emotividad y éxito.


No todas las leyendas musicales que han surgido en la historia cuentan con un álbum discográfico para recordarlos, tal es el caso del primer gran ídolo del jazz “Buddy Bolden”. Un hombre que jamás conoció un estudio de grabación, que cuando pudo grabar en uno de ellos, ya no tenía las capacidades mentales para hacerlo, pero los pocos años que logro tocar en las antiguas calles de Nueva Orleáns, fue suficiente para ser recordando como el primer jazzista de la historia.