Hay sótanos que se encuentran completamente vacíos, abandonados en alguna casa antigua. Hay otros que guardan recuerdos familiares, utensilios de algún coleccionista, reliquias de los abuelos. Pero también hay sótanos donde se escucha música, y sus paredes guardan los sonidos de artistas que los medios masivos de comunicación no han logrado atrapar.Conozco un lugar así, desde que yo era niño, recuerdo que cuando pasaba por ahí, escuchaba a lo lejos un blues que para mi corta edad, llamaba demasiado mi atención. Hoy, es un espacio, (por desgracia un espacio más), para los amantes de la trova cursi que se escucha en la ciudad, y digo “cursi que se escucha en la ciudad”, porque no toda la trova que existe es cursi. Hay músicos excelentes dentro de este género como Víctor Jara, el ya comercializado Silvio Rodríguez o el maestro Oscar Chávez, pero aquí en Pachuca, al menos la trova que ha llegado a mis oídos, solo la usan para enamorar chicas.
Pero en este sótano, más que trovero que minero, le han dado espacio a uno de los pocos grupos de jazz que existen en la bella airosa, Mood Funky trio. Este grupo con una corta trayectoria, esta buscando espacios en la ciudad de los vientos para promover el jazz.
Cuando uno mira a jóvenes que no rebasan los 26 años de edad con una batería, un bajo y una guitarra, se puede pensar que tocaran rock, surf, ska o algo que ya estamos acostumbrados a escuchar, pero no. Ellos interpretan un jazz exquisito, clásico, y lo mejor, rescatando un jazz que no cualquiera se atreve a tocar.
Pueden comenzar tocando temas tan trillados como La chica de Ipanema, para después irse a interpretaciones más experimentales con música de Miles Davis o John Scofield. Improvisar de manera tan delicada, que es inevitable no ponerles atención.
Hay tres puntos que se pueden resaltar en la música de Mood Funky, la originalidad en la interpretación, que a pesar de que no tienen temas propios, logran hacer de cada cover su propia versión. Además la dedicación que le ponen a cada tema, y la constante comunicación que tienen entre ellos en sus conciertos, hacen de su música, un jazz 100% profesional. Pero sobre todo, tienen ese feeling jazzístico donde cada uno maneja su instrumento con gran maestría y pasión.
Es un placer escuchar la guitarra de Ramón Gómez Villegas dentro del trío, ya que además de llevar la batuta del grupo, no puede evitar contagiar su amor por el jazz con su manera de disfrutar cada una de las notas que pasan por su guitarra.Lo mismo podemos decir de Alejandro Isidro Arrazola con su bajo, que sorprende con su manera de tocar cuando le toca improvisar, ya que sencillamente juega con su bajo, haciendo improvisaciones un poco largas, y en otras más cortas, pero eso si, todas ellas de manera fina, sin dejar los estándares del jazz.
Mientras, la batería de Cesar Bolaños, suena exactamente como una batería de jazz, completamente suave, sin golpes duros, sin tanta experimentación, golpes sencillos y delicados, algo que no cualquiera puede hacer en este instrumento.
Ojalá y pronto podamos tener un demo de este grupo, ya que hasta el momento no tiene ninguna grabación donde podamos reproducir su música en algún aparato eléctrico. Mientras tanto solo nos queda seguir escuchando su música algunos sábados, en el Sótano Minero, esperando que Mood Funky se pueda digitalizar en un CD y en nuestra pasión musical.





Mientras pasaron las hermosas fechas de diciembre, donde nos damos el lujo de descansar un poco más de la cuenta, recibí un correo electrónico que llamó mucho mí atención, me había escrito un hombre llamado Allan Stewart Königsber. En un principio pensé que se trataba de una broma, pero después de leerla me di cuenta que se trataba de una gran carta y de una gran persona. Me di el lujo de traducirla al español para compartirla con ustedes:













Todos escuchamos jazz en momentos que menos imaginamos, lo percibimos inclusive, en lugares donde nunca pensamos que podríamos escucharlo. Es ahí donde comienza nuestro viaje por el mundo jazzístico del cine y la televisión, en esos dos medios que nos rodean constantemente y, que de vez en cuando nos dan breves lecciones de jazz.
Era el año de 1907, y la música buscaba nuevos horizontes para expresarse mediante la improvisación y el swing en las calles de Nueva Orleáns. Mientras, en Orizaba, Veracruz, un 6 de octubre para ser más exactos, nacía un hombre que también revolucionaría la música no solo en México, sino en todo el mundo. Francisco Gabilondo Soler, ese grillito cantor que no solo gustaba de la astronomía y de buenos cuentos, también del arte del jazz con el que tarde o temprano tendría que encontrarse y fundirse como buen músico.






Pocas veces podemos apreciar en la ciudad de Pachuca un encuentro lleno de magia, recuerdos y síncopas musicales, y para ser sinceros, ni el propio Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), que se propuso reunir el viernes 24 de agosto al periodista pionero en escribir, promover, recopilar y difundir el jazz, Antonio Malacara, para llevar acabo la presentación de su ultimo libro “Modelo para armar”, pensó que se fuera a llevar con tanta emotividad y éxito.


No todas las leyendas musicales que han surgido en la historia cuentan con un álbum discográfico para recordarlos, tal es el caso del primer gran ídolo del jazz “Buddy Bolden”. Un hombre que jamás conoció un estudio de grabación, que cuando pudo grabar en uno de ellos, ya no tenía las capacidades mentales para hacerlo, pero los pocos años que logro tocar en las antiguas calles de Nueva Orleáns, fue suficiente para ser recordando como el primer jazzista de la historia.
"Lucha siempre por el progreso y la reforma. Nunca toleres la injusticia o la corrupción.Lucha siempre contra los demagogos de todos los partidos políticos. Nunca dejes de sentir simpatía hacia los pobres. Dedícate siempre al bienestar público. Nunca te satisfagas solamente con imprimir las noticias. Sé siempre drásticamente independiente. Nunca tengas miedo de atacar aquello que está mal" Joseph Pulitzer, 1847 - 1911
Con contratiempos y disculpas, completamente en una soledad epitomada, me encontraba en el café literario de la XX feria universitaria del libro. No sabía si era un invitado o des invitado, pero ahí estaba. Alexis Estrada extrañado un poco por mi visita, me invito a subir al podium este 13 de agosto un poco pasadas las 7 de la noche. No había nadie en el dichosos café, solo Enrique Rivas Paniagua nos daba la bienvenida al lugar dándonos una palmada en la espalda para que no desistiéramos, al exponer el tema “para disfrutar el jazz”.




